Clonc. Clonc.
Dos vueltas.
En el
sentido de las agujas del reloj.
Crack.
Y se rompe mi
reloj, de arena; y se pierde en el aire la arena como si fuera humo, junto con sus
castillos, princesas, dragones y puentes levadizos.
Llega el día
en el que ya no hay vuelta atrás, indefectiblemente.
Toca dar dos
vueltas, en el sentido del tiempo, que siempre gira en dirección de la aguja
del reloj. Aunque medir el tiempo con agujas no tenga muchos sentido, porque lo
más probable es que aquellas agujas lo único que hagan sea pinchar, y
doler.
Pero llega
ese momento, antes o despuès, en el que se separan sin solución un antes y un
despuès. Un Antes, e il dopo.
Y no puedes
no pensar en aquel día en el que todo empezó, y aquella casa era igual de
vacía, pero al revès, toda llena. De arena y sus extrañas formas, olas,
cangrejos, palas amarillas y sueños como castillos.
Y no puedes no pensar a còmo aquel espacio tan desnudo, se ha ido llenando de cuerpos, tambièn desnudos e indefensos; y le has comprado unos abrigos, y les has calentado con tu piel, y tu aliento trasnochado.
Y no puedes no pensar a còmo aquel espacio tan desnudo, se ha ido llenando de cuerpos, tambièn desnudos e indefensos; y le has comprado unos abrigos, y les has calentado con tu piel, y tu aliento trasnochado.
Pero también,
no puedes no darte cuenta que todo ello nada tiene que ver con un par de
vueltas en el sentido de las agujas del reloj. Que todo aquello nada tiene que
ver con la arena, ni con castillos, pajares o dragones. Al revés, debes pensar que sólo importa aquel
aire que quedaba entre los granos de arena de mi reloj de arena, ese aire que
quedaba entre las partículas de hidrógeno del agua de aquel foso, y en la boca
dulce de la princesa entre sus gritos desesperados pidiendo auxilio. Ese aire,
que has ido respirando sin querer, por mucho tiempo.
Y sólo
importa que ese aire ya está en mis pulmones, para siempre; también en los de aquel que haya
respirado aquel aire, virgen. Sin querer.
Que no hay
ninguna vuelta que dar, ni sentidos, ni reloj, ni llaves.
Sólo hay aire
en los pulmones. Aire ligero y perfumado. Hermoso de respirar. Que cuando
respiras perfuma toda tu habitación, piso, barrio y ciudad.
Que todo es
extremadamente hermoso, como tu silueta en contraluz, cuando ya el sol descansa
al fondo, entre prunos, abetos, o arboles de marfil.
Que todo es
todo, y lo que es nada, ya nada importa.
| Bodegón |
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