Guardianes del atardecer. Con sus cabezas trianguladas y vacías. Libres de todo pensamiento. Asombrados sólo por la sombra de sus sombreros huecos. Al atardecer. Silba el viento de tramontana, entre sus entrañas diáfanas.
Pronto será la hora de cenar. Aguarden un ratito más, nobles guardianes blancos.
e guardando l'argine opposto delle cose,
scorgevo un castello in cui sopravvivevano diafane le ombre delle anime
passate. E le immagini in bianco e nero scivolavano fra le dita, in
silenzio, come acqua gelata. Pungeva.