Guardianes del atardecer.
Con sus cabezas trianguladas y vacías.
Libres de todo pensamiento.
Asombrados sólo por la sombra de sus sombreros huecos.
Al atardecer.
Silba el viento de tramontana, entre sus entrañas diáfanas.
Pronto será la hora de cenar.
Aguarden un ratito más, nobles guardianes blancos.
Pals. 14-07-2014

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