(reseña para la inauguración de una exposición)
Un viaje, o una exposición, o una visita a una prima lejana.
Buenas ocasiones para que dos viajeros inquietos, como por casualidad, se encuentren apoyándose a la misma barandilla de forja.
Así, cada uno pensando en las cosas de cada uno, o sin pensar, se asoman al mundo.
De puntillas. Sin apenas decir nada.
Atardecer de golondrinas aún por llegar. Todo va preparándose.
Hoy llueve. Ya era obra.
Algunos sabrán tal vez ver la realidad más allá de ese cristal mojado, o mejor dicho, más acá.
Hoy llueve acuarela y humo, y la gente se distrae, a la gente le da igual.
La gente recoge sus pañuelos tendidos, deja de regar las plantas, se pone abrigo de lluvia, con sus correspondientes hombreras.
Las personas sacan sus paraguas, encontrados algún domingo en la
iglesia, y se protegen la cabeza. No vaya a ser que alguna de aquellas
insignificantes gotitas se ponga a descolgar de sus párpados, a modo de
carámbano, y lo modifique todo.
No vaya a ser que por unas horas eternas vean aquello que está detrás de las cortinas.
Se protegen la cabeza, aunque se mojan los pies.
Hoy llueve.
Y mañana también.
Fijo !


No hay comentarios:
Publicar un comentario