En algún viejo rincón,
entre las cosas que no tienen sitio propio y que nunca se tiran. Entre polvo y
botas y vasos a medio vaciar, resonaron silencios sin tiempo, y cuerdas de todo
tipo, y noches, y de nuevo siempre amaneceres.
El 15 de febrero
Qseentia pisó con botas de suela azul las tablas del Rincón del Arte Nuevo,
Madrid.
Un rincón donde, me di cuenta nada más entrar, nada era nuevo; ni el arte tampoco.
Entre aquellos ladrillos blancos y llagas curtidas de sol y algodón, se coció en esa noche un caldo de sentimiento a trozos, y cervezas sin beber, alguna risa y un adiós.
En los espejos de realidad invertida se reflejaban al menos 100 almas y sus especulares mitades, y sus huesos. También versos con o sin rima, sin sombra ni sombrero.
En las alfombras polvorientas de aquel rincón, donde se guardan las cosas sin guardar, paseaban mudas las huellas de músicos y poetas de otros tiempos, que acompañaban el compás, como fantasmas a destiempo.
Un rincón donde, me di cuenta nada más entrar, nada era nuevo; ni el arte tampoco.
Entre aquellos ladrillos blancos y llagas curtidas de sol y algodón, se coció en esa noche un caldo de sentimiento a trozos, y cervezas sin beber, alguna risa y un adiós.
En los espejos de realidad invertida se reflejaban al menos 100 almas y sus especulares mitades, y sus huesos. También versos con o sin rima, sin sombra ni sombrero.
En las alfombras polvorientas de aquel rincón, donde se guardan las cosas sin guardar, paseaban mudas las huellas de músicos y poetas de otros tiempos, que acompañaban el compás, como fantasmas a destiempo.
Llovía aquella noche,
pero también brillaba el sol, en algún rincón, a destiempo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario