26.2.14

existencia de-sincronizada y des-enfocada

Allí, bajando aquella escalera de caracol y lunares, se encontraba el establo y los caballos. Caballos y yeguas de madera en cuyas entrañas se escondían soldados de capa azul y pistacho. Quietos, todos ellos. Esperando la hora precisa para salir y derrumbar la muralla de la paradójica apariencia.
A un caballero sin máscara se le ocurrió ir a despertarles. Luego se lo pensó mejor.
Todavía no había llegado esa hora, las 21 horas 00minutos y 243 segundos, o casi.

SP  02/2014

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